Ricard nació en Barcelona, pero su padre era gerundense. Por este motivo, él y sus hermanas veraneaban en la Vall d’en Bas, muy cerca del Casot. Estos recuerdos de infancia propiciaron que comprara, hace unos 20 años, una masía abandonada y en ruinas que se conoce como Mas el Casot. Poco a poco, durante los fines de semana, aquellos escombros se fueron convirtiendo en un hogar. Hace 8 años tomó la decisión de cambiar su vida y dedicó todos sus esfuerzos y medios a terminar la obra. Su intención era construir una casa rural en la cual los huéspedes se encontraran a gusto, no sólo cómodos sino también acogidos por sus piedras centenarias, la chimenea, los muebles elegidos cuidadosamente para no romper el encanto del origen de la masía o los detalles como las herramientas de cultivo que se van descubriendo por doquier.

Al lado del Casot hay una pequeña casa donde vivimos nosotros: Ricard y Teresa. Forman parte de nuestra familia la Blaki, el Pelut y su hijo Petitó, que son unos magníficos anfitriones. Ah! También conoceréis a Pitu. Es un gatito, pero él cree que es como sus hermanos: un perro pastor catalán muy valiente, pero esto no se lo digáis, por favor.